Ciencia y Ficción: Biblioteca de Ciencias

Blog de la Biblioteca de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Zaragoza

ConCiencias.digital, nº 5

Posted by cienciayficcion en 29/07/2010

ConCIENCIAS.digital, la revista digital de la Facultad de Ciencias de Zaragoza, publica su número 5. Sus contenidos están accesibles de forma gratuita:

Os transcribimos a continuación el sumario y el editorial de este número:

  • Los glaciares del Pirineo Aragonés: una singularidad de gran valor
    • Javier del Valle
  • 2010: Año Internacional de la Biodiversidad
    • Juan Pablo Martínez Rica
  • Geometría de la ciudad
    • José María Sorando
  • El uso letal de la Ciencia: Armas de destrucción masiva
    • José Manuel Vicente
  • ¿Error o incertidumbre?
    • Rafael Núñez-Lagos
  • Biología olímpica
    • Rubén Peña
  • Formación para el empleo y encuentro con la empresa
    • María Luisa Sarsa
  • El reto que viene: sociedad, ciencia y periodismo
    • Miguel Ángel Sabadell
  • Historia de unos libros viajados
    • Ana Isabel Elduque
  • El LHC llega a Zaragoza
    • Alberto Virto
  • Noticias
  • Actividades
  • Artículos publicados
  • Colaboradores

Editorial:

¿Crisis? ¿Qué crisis?. La Ciencia ante el nuevo milenio

Parafraseando al viejo grupo de los 70, hoy, después de varios meses, mejor dicho, trimestres, como les gusta decir a los macroecononomistas, de crisis nos preguntamos qué es y qué significa crisis para la Ciencia.

Es cierto que en los últimos dos años ha habido un retroceso en las dotaciones presupuestarias gubernamentales para el inicio y desarrollo de programas y proyectos científicos. También es cierto que los fondos de origen altruista o filantrópico no han aparecido en escena. Pero también cabe preguntarnos si en el desarrollo de la Ciencia con mayúsculas, las crisis de origen financiero, como la actual, no son sino meros vaivenes cuyo efecto, a largo plazo, es prácticamente despreciable.

Lo realmente peligroso no es que no haya una dotación particular de fondos, sino que la vocación científica de los ciudadanos y el predicamento de la Ciencia en la sociedad sean cada vez menores. Lo que lleva al marasmo científico, y por añadidura a un parón en la generación de conocimiento mismo, es la falta de acicate intelectual por la actividad investigadora e innovadora. Que la sociedad promocione como más rentable, tanto en lo crematístico como en lo social, cualquier actividad antes que la creación de nuevo conocimiento, incluyendo la exposición pública de las miserias personales en los realities televisivos, es lo que, en mi opinión, debe preocuparnos por encima de todo.

Para apoyar esta afirmación, sólo me gustaría que el lector se intentara retrotraer a los años 1915-1916. En aquel momento, Europa estaba inmersa en la más terrible guerra conocida hasta la fecha, y ya se había desarrollado lo suficiente como para que ello fuera público. Los combatientes morían en los frentes asfixiados por gases letales enterrados en el fango de las trincheras. En esa situación, todo el esfuerzo de los estados en conflicto significaba esfuerzo bélico. Las dotaciones para investigación científica desaparecieron. Y aún así, el desarrollo científico técnico fue ingente. Los descubrimientos y aplicaciones gestadas a raíz de la guerra son bastante numerosos (os recomiendo el artículo sobre “El uso letal de la Ciencia”). Pero lo que destaca por encima de todo es que, en medio de esa vorágine, surge una de las obras cumbres de la Ciencia. Einstein publica entre 1915 y 1916 la Teoría de la Relatividad General. Y apenas seis meses después del final del conflicto, el 29 de mayo de 1919, un británico, Eddington, hace la primera comprobación experimental de la teoría con la que un súbdito alemán, Einstein, destronaba a otro británico, Newton, como el mayor científico de la Historia. Este es el espíritu que hace avanzar la Ciencia.

Este trabajo nuestro es prolongado en el tiempo, cooperativo en su desarrollo, no doctrinario ni dogmático en sus conclusiones y, sobre todo, racional. Y racional procede de raciocinio, es decir, del uso de la razón para conocer y juzgar. Que los medios materiales son absolutamente necesarios es innegable, pero que sólo con ellos lograremos el avance de la Ciencia demuestra una ignorancia total sobre qué es nuestro trabajo. En estos momentos es cuando más necesario se hace aplicar la máxima ácrata de mayo del 68: la imaginación al poder.

Si no conseguimos que nuestro trabajo se divulgue, especialmente la necesidad y utilidad del mismo, no vamos a conseguir que ese espíritu que antes he nombrado vuelva a cohabitar entre nosotros. No podemos dedicarnos a justificar el poco interés social logrado porque, durante uno o dos ejercicios, se nos redujeron las dotaciones de fondos. Debemos, y podemos, realizar una labor divulgativa mucho más intensa que la que hacemos habitualmente, y esta tarea no suele precisar de grandes necesidades financieras. Si lo fiamos todo a que la sociedad será capaz de apreciar por sí misma la necesidad de la Ciencia, vamos a tener unos próximos años realmente duros, mucho más que los actuales, a pesar del recorte presupuestario.

Hoy en día la sociedad está siendo bombardeada literalmente de películas, exposiciones, series televisivas, realidades virtuales, etc. muchas de ellas relacionadas con sucedáneos científicos. Las series policiacas ya no son dos bravos y valientes agentes que desmontan los entramados más complejos del sindicato del crimen con sus armas cortas o, muchas veces, sus puños. Hoy en día, toda serie que se precie debe contar con su sección científica, donde esforzados investigadores escudriñan el más insignificante cabello y resto orgánico o mineral para deducir la naturaleza del crimen en cuestión. Hemos pasado del investigador racionalista, desde Sherlock Holmes hasta el entrañable Colombo, pasando por el inspector Poirot, a los investigadores científicos, cuyos laboratorios son dignos de estar ubicados en el Enterprise de Star Trek. Pero este marketing gratuito ofrecido por la industria del entretenimiento no va a lograr que aumenten las
vocaciones científicas. La industria del entretenimiento sabe mejor que nadie que lo que más atrae para el divertimento inmediato es lo desconocido. Por lo tanto, no veamos en la aparición sistemática de “cerebritos” en el cine y la televisión otra cosa que la señal inequívoca de que lo que hacen (análisis, cálculos, deducciones y predicciones de apariencia científica) es absolutamente desconocido por el gran público.

Quiero acabar señalando un ejemplo de que tenemos mucho trabajo divulgativo por delante. Estas semanas se ha mostrado en el Paseo de Independencia la exposición “El CERN a través de los ojos de Peter Ginter: la visión de un poeta” sobre el LHC. Si hiciéramos una encuesta, ¿cuántas personas podrían decir algo, sólo algo, sobre la H de hadrones? Y no será porque los fondos del LHC, y los diferentes experimentos que conlleva, no son abundantes. Podríamos completar la frase de que “el dinero no da la felicidad”, con el corolario “ni él solo es capaz de hacer Ciencia”. La enorme variedad que habita nuestro planeta y la grandeza de nuestra Naturaleza (os recomiendo leer “El Año Internacional de la Biodiversidad”, “Los glaciares del Pirineo Aragonés” y otros artículos de este número) no necesitan más que un buen par de botas de treking, tiempo libre y ojos curiosos deseosos de observar.

Trabajo y divulgación son las claves para que la Ciencia supere las crisis económicas. Si la sociedad nos percibe como necesarios, seremos necesarios. En caso contrario, ni tan siquiera contingentes. Simplemente prescindibles. Por eso, después de dos años, seguimos con la misma ilusión y ganas de trabajar que al principio. Porque nosotros, desde conCIENCIAS, estamos convencidos de… ¿crisis? ¿qué crisis?.

Ana Isabel Elduque Palomo
Directora de conCIENCIAS

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