Ciencia y Ficción: Biblioteca de Ciencias

Blog de la Biblioteca de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Zaragoza

Matemáticas e imaginación

Posted by cienciayficcion en 15/01/2014

Matemáticas e imaginación La casualidad a veces no es casual, y si lo es, en ocasiones no lo parece. El primer libro que hemos elegido para re-inaugurar la publicación de entradas dedicadas a obras de especial interés, bien por su contenido, bien por su carácter divulgativo, nos ha deparado la paradojica sorpresa de ser la obra en la que Edward Kasner dió a conocer el término Gúgol, Googol en inglés. Es la palabra que le sugirió su sobrino de 9 años a Edward Kasner para bautizar un número tan grande como inimaginable pero al mismo tiempo finito, un número tan grande como 1 seguido de 100 ceros.

Y parece ser que el nombre de Google vino de un error tipográfico al escribir Googol.

La edición que nos donaron corresponde a una curiosa colección de obras seleccionadas por Jorge Luis Borges y que llevan su nombre. Para saber de qué más trata esta obra de Kasner y Newman nos remitimos a las palabras de Borges prologando la obra:

Un hombre inmortal, condenado a cárcel perpetua, podría concebir en su celda toda el álgebra y toda la geometría, desde contar los dedos de la mano hasta la singular doctrina de los conjuntos, y todavía mucho más. Un modelo de ese meditador sería Pascal, que, a los doce años, había descubierto una treintena de las proposiciones de Euclides. Las matemáticas no son una ciencia empírica. Intuitivamente sabemos que tres y cuatro son siete, y no necesitamos hacer la prueba con martillos, con piezas de ajedrez o con naipes. Horacio, para figurar lo imposible, habló de cisnes negros; mientras pulía su verso, tenebrosas bandadas de cisnes surcaban los ríos de Australia. Horacio no pudo adivinarlos, pero si hubiera tenido noticias de ellos, habría sabido inmediatamente que tres y cuatro de esos lóbregos seres daban la cifra siete. Russell escribe que las vastas matemáticas son una vasta tautología y que decir tres y cuatro no es otra cosa que una manera de decir siete. Sea lo que fuere, la imaginación y las matemáticas no se contraponen; se complementan como la cerradura y la llave. Como la música, las matemáticas pueden prescindir del universo, cuyo ámbito comprenden y cuyas ocultas leyes exploran.

La línea, por breve que sea, consta de un número infinito de puntos; el plano, por breve que sea, de un número infinito de líneas; el volumen, de un número infinito de planos. La geometría tetradimensional ha estudiado la condición de los hipervolúmenes. La hiperesfera consta de un número infinito de esferas; el hipercubo, de un número infinito de cubos. No se sabe si existen, pero se conocen sus leyes.

Harto más deleitable que este prólogo son las páginas de este libro. Invito a los lectores a hojearlas y a mirar las extrañas ilustraciones. Abundan en sorpresas. Por ejemplo, las islas topológicas del octavo capítulo, por ejemplo, la hoja de Möbius, que cualquiera puede construir con una hoja de papel y con una tijera y que es una increíble superficie de un solo lado.

Obras de James R. Newman en la biblioteca

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